
Apple ha comunicado a los desarrolladores que va a modificar la forma en que macOS entrega el permiso de acceso completo al disco, conocido como Full Disk Access. Hasta ahora, esa autorización se pensó para que las utilidades de copia de seguridad pudieran trabajar sin los límites habituales de privacidad del sistema. El problema es que el mismo permiso lo están pidiendo agentes de inteligencia artificial que operan en el escritorio y que necesitan leer correo, mensajes, archivos o historial de navegación para completar tareas.
El anuncio llega después de la polémica alrededor de Muse, el agente para Mac de Meta. El periodista Jason Aten contó que la aplicación le mostró notificaciones basadas en una conversación privada de iMessage que él no recordaba haber autorizado. Meta sostiene que ese acceso es opcional y que exige activar el permiso del sistema y un conector específico dentro de Muse. La discusión, sin embargo, ha puesto el foco en algo más amplio: qué ocurre cuando un asistente autónomo recibe privilegios pensados para herramientas de mantenimiento.
Qué ha anunciado Apple y qué falta por concretar
La compañía de Cupertino ha explicado que añadirá controles para que nadie pueda conceder ese nivel de acceso sin una confirmación deliberada y clara. No ha detallado la versión de macOS ni la fecha en la que llegará el cambio, y tampoco ha señalado aplicaciones concretas. Las apps de respaldo podrán seguir obteniendo el permiso, pero lo harán mediante un proceso menos automático y más visible para el usuario.

Apple justifica la medida en que algunos desarrolladores están usando Full Disk Access de maneras que pueden exponer archivos, correo, mensajes e historial sin que la persona entienda del todo las consecuencias. Su mensaje para los programadores es que, a medida que los agentes ganan autonomía, el riesgo asociado a ese permiso crece de forma sustancial, afectando la seguridad informática en productos Apple.
El caso Muse y el rastro de incidentes
La experiencia de Jason Aten no fue un episodio aislado en la conversación pública. Varios reportes apuntaron que Muse habría sincronizado alrededor de 187.000 filas de la base local de Mensajes, incluso con el permiso desactivado, aunque Meta ha negado que su producto acceda a esos datos sin consentimiento. La compañía insiste en que la integración con Mensajes requiere dos pasos y que no está diseñada para saltarse los controles de macOS.
Expertos en seguridad han recordado que, a nivel técnico, cualquier aplicación con Full Disk Access puede leer la base de datos de Mensajes, el correo, las cookies o el historial de navegación. Patrick Wardle, investigador conocido por sus análisis de macOS, defendió esa tesis y también publicó un fallo de día cero relacionado con la app de Muse, que Meta parcheó en poco tiempo. Además, Wired documentó una vulnerabilidad en la versión para Mac de ChatGPT que podría haber permitido a atacantes alcanzar información sensible.
El ecosistema que preocupa a Apple no se limita a Muse. En la categoría de agentes de escritorio también aparecen nombres como OpenClaw y Dots, que piden permisos profundos para automatizar tareas sobre documentos, mensajes y otras áreas del sistema. Todos comparten una misma promesa: cuanta más información pueda ver el agente, más útil resulta. Y también una misma amenaza: si ese acceso se concede sin suficiente contexto, el usuario pierde control sobre datos que van mucho más allá de una carpeta concreta.
Riesgos que van más allá del permiso
Un análisis de Surfshark citado por varios medios concluyó que Muse intentaba recopilar 31 de 35 tipos de datos, una cifra superior a la de ChatGPT, Gemini y DeepSeek. Entre esos datos aparecían categorías sensibles como ubicación, orientación sexual, información genética o biométrica. El dato no implica que todo se enviara fuera del equipo, pero sí muestra hasta qué punto un agente puede pedir más de lo que una persona media sabe evaluar.
La propia Apple ha evitado señalar culpables, pero su aviso encaja con ese patrón: permisos amplios, lenguaje técnico y decisiones que se toman en pantallas que muchos usuarios aceptan sin leer. Para los equipos de seguridad, el problema no es solo una app concreta, sino la suma de agentes, conectores y automatizaciones que van acumulando privilegios en el mismo Mac.
Qué deben revisar usuarios, empresas y desarrolladores
En el lado del usuario, la recomendación es sencilla: entrar en Ajustes del Sistema, abrir Privacidad y seguridad y revisar la lista de Acceso total al disco. Conviene quitar cualquier aplicación que no se reconozca y prestar atención especial a asistentes, agentes o utilidades que prometan hacerlo todo por nosotros. Si una herramienta solo necesita una carpeta, no debería pedir el disco entero.
Para los desarrolladores, el cambio anunciado obliga a replantear el onboarding. Pedir Full Disk Access como si fuera un permiso rutinario va a ser cada vez menos viable. Lo razonable es explicar en lenguaje humano qué se lee, para qué se usa y cómo se revoca, además de adoptar permisos más granulares por carpeta, app o tipo de dato. Esa transparencia no solo reduce el riesgo legal: también evita que el producto acabe citado en una polémica como la de Muse.
En empresas y startups, la prioridad es auditar qué máquinas tienen permisos profundos y por qué. Si un agente necesita operar sobre datos sensibles, puede tener sentido aislarlo en un equipo dedicado, un perfil separado o un entorno controlado. La comodidad de un agente always-on no compensa si nadie sabe qué archivos tocó, cuándo los leyó ni adónde pudo enviarlos.
El movimiento de Apple no prohíbe los agentes de IA en macOS, pero sí cambia las reglas del juego: el acceso completo al disco deja de ser un interruptor que se activa y se olvida para convertirse en una decisión que exige contexto. La controversia de Muse, las dudas sobre Meta, los fallos de seguridad y las cifras de recopilación de datos han empujado al sistema operativo a poner más barreras. Para quien usa un Mac, toca revisar permisos; para quien desarrolla, toca rediseñar el consentimiento; y para quien vende agentes, toca demostrar que puede ser útil sin pedir las llaves de toda la casa.