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15 marzo, 2026

Gratis no significa libre: lo que pocos saben sobre el contenido de Pluto TV

Pluto TV es una plataforma gratuita desde la que los usuarios podemos disfrutar de canales y contenido bajo demanda en streaming a cambio de publicidad. Es propiedad de Pramount (empresa que también está detrás de SkyShowtime) y, aunque su catálogo no cueste dinero, no significa que podamos usarlo libremente. Hay unas condiciones de uso fijadas que, si las incumplimos, podríamos estar cometiendo una ilegalidad. El entretenimiento audiovisual en Pluto TV no es de libre disposición ni pertenece al dominio público. Aunque el servicio sea gratuito para el usuario y esté financiado completamente por la publicidad, Paramount es muy extricto con las normas de uso. La compañía explica que el material que comparten en la plataforma está sujeto a un acuerdo legal. Solo otorgan el derecho al usuario de disfrutar del contenido para «uso personal no comercial, no exclusivo, no cedible, no transferible y limitado y para ningún otro propósito». Cuando un internauta ve algo a través de Pluto TV, se compromete a no reproducir, modificar, crear trabajos derivados, mostrar, ejecutar, publicar, distribuir, difundir, transmitir, circular en sitios de terceros o utilizar de cualquier otra manera el material de la plataforma sin consentimiento previo de Pluto TV. Que los canales de Pluto TV sean gratuitos no significa que puedas difundirlos sin consecuencias. / Fuente de la imagen: Pluto TV. En el caso de que inclumplan la norma y hagan un uso no autorizado o prohibido, la empresa avisa que el usuario se expone «a la responsabilidad civil, al enjuiciamiento penal, o a ambos, según las leyes federales, estatales y locales aplicables». Paramount exige a los internautas que respeten los derechos de autor, marcas comerciales y otros derechos de propiedad intelectual. Pluto TV se toma en serio las normas La compañía explica que solamente piden a los consumidores aquello que se exigen de sí mismos. «Exigimos a los usuarios que respeten nuestros derechos de autor, marcas comerciales y otros derechos de propiedad intelectual -relata Paramount en su escrito sobre Condiciones de uso-. Del mismo modo, respetamos la propiedad intelectual de otros. Cuando se nos notifique, actuaremos con rapidez para eliminar los contenidos de los Servicios que infrinjan los derechos de autor de otros y deshabilitaremos el acceso a los Servicios y a sus servicios de cualquier persona que los utilice para infringir repetidamente los derechos de propiedad intelectual de otros». Más allá del uso de sus películas, series y canales La norma más importante que debes cumplir de Pluto es la de respetar la propiedad intelectual del contenido que suben. Pero no es el único término de uso importante de la paltaforma de streaming gratuita. Paramount recalca que tienen una edad mínima para acceder a su contenido. Según su página web oficial, Pluto TV exige tener al menos 18 años para usar sus servicios. Si todavía no tienes la mayoría de edad, la firma explica que necesitas el consentimiento y la supervisión de un tutor legal. Eso se debe a que hay contenido que reproducen en sus canales o está en su catálogo con limitaciones de edad.

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3 razones por las que ‘Rooster’ de HBO es mejor que ‘Ted Lasso’ y ‘Terapia sin filtro’ 

Rooster, la nueva serie de HBO, te hará reír. También te va a conmover. Pero más interesante todavía, te hará pensar en una multitud de temas complicados, que no parecen tener lugar en una comedia ligera sobre un padre que intenta reponer el vínculo con su hija. Parte del mérito de la producción es que su creador, Bill Lawrence, utiliza lo aprendido en Ted Lasso y Terapia sin filtro para dar el paso que lógicamente parece el siguiente. El de construir una historia que parece una combinación entre un relato feel good y algo más elaborado sobre la naturaleza contradictoria del ser humano.  Por lo que Rooster supera casi sin esfuerzo a Ted Lasso, el clásico humorístico de Apple TV+, al ser algo más que solo una reflexión optimista. También lo hace con Terapia sin filtro, al lograr indagar en temas como el amor, la pena, el duelo y la paternidad de forma mucho más efectiva. De hecho, la nueva serie de HBO tiene mucho de un producto más acabado y mejor logrado que las anteriores producciones a cargo del creador. Si a Ted Lasso se le criticó ocasionalmente por ser demasiado inocente, Rooster explora en un relato más maduro, elegante y bien armado. Date de alta en HBO MAX y tendrás acceso a las mejores series y películas exclusivas como The Wire, Los Soprano o Casa del Dragón. Incluye todo el catálogo de Warner, los clásicos de Cartoon Network, los grandes estrenos y el mejor deporte. Ahórrate dos meses en HBO Max Por otro, el habitual comentario acerca de que Terapia sin filtro deja de lado algunos temas complejos en beneficio de la risa, parece haber enseñado a Bill Lawrence algunas cosas. Por lo que Rooster analiza mejor la forma en que sus personajes interactúan entre tópicos difíciles, melodrama y la risa. Algo que hace que la producción no solo sea una de las mejores comedias de la actualidad, sino también una destinada a marcar su propio hito en el género. Y en específico, por tres razones que te comentamos a continuación.  Una premisa sencilla que no lo es tanto Rooster se basa esencialmente en la idea de que, para resolver entuertos y dilemas generacionales, hay que ceder terreno de parte y parte. Por lo que utiliza una premisa que parece sencilla. Greg Russo, un escritor de éxito (Steve Carell), llega a una universidad de artes liberales para una charla rápida y termina quedándose mucho más tiempo del previsto. Sin embargo, la serie usa ese punto de partida como excusa para explorar una relación complicada entre padre e hija. Ambos convencidos de querer lo mismo mientras avanzan por caminos completamente distintos. Pero al contrario del amable y encantador Ted Lasso de Jason Sudeikis, Greg es mucho más mundano e irritante. No en vano, ha construido su carrera escribiendo novelas populares sobre un personaje masculino exageradamente seguro de sí mismo. Que, además, funciona más o menos como un alter ego que roza lo ridículo: Rooster. La serie juega con la idea de que la pedantería, el entusiasmo colérico y otras emociones son tan válidas como la amabilidad. Por lo que el personaje cautiva de inmediato. Más interesante todavía es que Greg/Rooster podría parecer más la cuenta a Jimmy Laird (Jason Segel), pero en realidad, los diferencia un punto esencial. Mientras Jimmy intenta lidiar con el dolor, Greg está convencido de que cualquier experiencia desagradable es material creativo. Lo que brinda a la serie varios de sus mejores momentos y, sin duda, algunos de los más hilarantes de la televisión actual.  Reírse de sí mismo, pero sin moraleja Otro punto alto raro, divertidísimo y que le brinda personalidad a Rooster, es su capacidad para burlarse de su personaje. Greg entra al campus de Ludlow College con la actitud de alguien acostumbrado a que su carisma solucione cualquier situación social. Por lo que todo parece ir bien hasta que asiste a una clase y escucha a un grupo de estudiantes analizar sus libros con un entusiasmo crítico bastante feroz. El momento es pequeño, casi silencioso, pero ahí empieza el verdadero chiste de la serie. El tipo que inventó a un héroe literario termina descubriendo que en la vida real nadie está demasiado impresionado. Ese instante marca el tono del comienzo de la temporada. Rooster avanza como una comedia amable que, de repente, coloca pequeñas trampas emocionales bajo los pies de sus personajes. Más interesante todavía, no duda en indagar en todos los matices más burlones, satíricos y hasta desagradables de su protagonista. El resultado es que la serie tiene un ritmo curioso. Parece un entretenimiento ligero, fácil de ver en maratón. O, en el mejor de los casos, de hacer reír sin preocupaciones.  Pero, al contrario, cada episodio deja caer detalles incómodos sobre las relaciones familiares, el ego creativo y la dificultad de envejecer cuando el mundo cultural cambia más rápido que uno mismo. De modo que Rooster deja atrás la epifanía de redimir a su Greg, justificar sus decisiones o solo aprovechar su temperamento cascarrabias para reír. En lugar de eso, le da una interesante dimensión de ídolo caído en desgracia que se encuentra en pleno crecimiento y que cada vez se hace más complejo y peculiar.  Un giro que enriquece a sus dos protagonistas Rápidamente, la historia de Rooster entra en calor. Así que lo que empieza como una visita breve se transforma en algo casi permanente cuando Greg termina involucrándose en la vida académica del lugar. La razón principal es su hija Katie (Charly Clive). Esta, profesora en la universidad y protagonista involuntaria de un escándalo sentimental que circula por los pasillos como si fuera una noticia nacional. El matrimonio de Katie con Archie (Phil Dunster), también profesor del campus, ha explotado de forma espectacular y la ruptura no se mantiene en privado. Al contrario: se convierte en el tema favorito de conversación entre alumnos, docentes y cualquier persona que tenga acceso a café y chismes. Parte del problema es que Archie ahora mantiene una relación con Sunny

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Lo que muchos usuarios desconocen: Recibir SMS en el extranjero puede costarte dinero

Cuando vamos a viajar, muchas veces prestamos atención al roaming de datos, pensando que es lo único por lo que pueden cobrarnos la operadora. Pero existe un gasto fantasma que suele pasar despercibido hasta que recibimos la factura de telefonía móvil: el coste de recibir un SMS fuera de la Unión Europea. Nosotros no podemos predecir cuándo nos envían un mensaje de texto, por lo que es difícil controlarlo si activamos la tarjeta SIM durante el viaje. La mayoría de usuarios conoce que, cuando viajan al extranjero a un país en los que no entra el roaming, es mejor desconectar los datos móviles para evitar sustos. Sin embargo, esto no es suficiente y lo mejor es no insertar el número PIN de la línea principal. Activarla solo un momento para recibir un código de verificación (2FA) vía SMS puede salir caro. Aunque estemos acostumbrados a que sea un servicio gratuito en España, puede convertirse en un cargo adicional elevado al cruzar la frontera. Una experiencia de un euro pro SMS Mi reciente viaje a China me enseñó qué tan caro puede salir introducir el número PIN en la tarjeta SIM de mi tarifa telefónica en España. Ya conocía el riesgo y, por eso mismo, no tenía pensado usar mi línea principal de O2, sino una eSIM diferente durante mi estancia en el país asiático. No obstante, al intentar acceder a una de mis cuentas, el sistema me exigió un código de seguridad enviado por SMS al usar el sistema de autentificación de dos factores. China no está en la Zona 1 del roaming gratuito de la mayoría de operadoras. Recibir un SMS puede costarte incluso euros. / Fuente de la imagen: Road Trip with Raj. La sorpresa llegó a final de mes. Al revisar la factura de O2, aparecía un cargo detallado: 1 euro por cada SMS que recibí. Aunque la cifra puede ser diferente según el operador, una cosa está clara: la itinerancia SMS fuera de la Zona 1 no es gratuita para el receptor. Esto podría pasarle a cualquier persona que confíe en que el cargo solo se aplica al enviar SMS o navegar. El simple hecho de tener la línea activa y que una empresa o un ciberdelincuente te envíe un mensaje de texto podría costarte dinero. Por ese motivo, lo mejor es mantenerla apagada y utilizarla solo si pagas por un paquete de datos con llamadas y SMS incluidos. ¿Por qué nos cobran por recibir? Nosotros elegimos cuándo mandar un mensaje SMS, pero, generalmente, no podemos elegir cuándo nos lo envían. Por ese motivo, muchos consideran injusto este cobro. Sin embargo, hay una razón para esto y es que nuestro operador paga para que ese SMS te llegue al llegar a acuerdos de interconexión con marcas del lugar al que viajas. Es decir, cuando te llega ese mensaje, O2 o cualquier empresa española debe pagar a la red extranjera por «encontrarte» y que te llegue ese mensaje.

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De qué va ‘Vladimir’, la escandalosa serie de Netflix que ha levantado polémica

Vladimir, la más reciente serie de Netflix, es un cuidadoso equilibrio entre varios temas polémicos. Por un lado, el despertar sexual de las mujeres en la edad madura, el poder femenino en centros académicos y la infidelidad. Al otro, la capacidad del deseo erótico para convertirse en motor impulsor de decisiones cuestionables y a menudo peligrosas. En medio de un escenario semejante, la serie avanza a través de sus ocho capítulos a través de una premisa perversa. ¿Qué podría hacer cualquiera para satisfacer sus deseos eróticos más depravados? No es un tema original y Vladimir no intenta que lo sea. Lo que sí logra es profundizar en la idea de un salvaje desenfreno a partir de varios ángulos distintos.  Para eso, la historia además toma una decisión complicada y fascinante: lo de convertir a su protagonista en un personaje sin nombre. Uno, además, que solo se identifica por sus carencias. Por lo que esta anónima profesora universitaria de escritura creativa, interpretada por Rachel Weisz, comienza la historia mientras atraviesa una etapa complicada y durísima. Su carrera académica ya no genera el entusiasmo de antes y su vida personal tampoco atraviesa su mejor momento. De hecho, ambas cosas solo conducen a una alarmante conclusión que marcará el tono oscuro y burlón de Vladimir. Nadie parece demasiado interesado en ella últimamente. Claro está, la idea del desencanto de la madurez y el vacío emocional tampoco es novedosa. Pero la trama de la serie, adaptación del libro del mismo nombre de Julia May Jonas (que también está a cargo del guion), sí lo enfoca de manera original. Porque observa a esta mujer ambiciosa, contradictoria y algo egoísta desde la ironía. Mucho más, a través de la capacidad del argumento para burlarse de las ideas preconcebidas acerca de las exigencias sociales hacia el comportamiento femenino. Por lo que nuestra protagonista no duda en equivocarse con frecuencia, recurrir a mentiras, trampas y, al final, burlarse de la corrección social.  Crisis marital y obsesión académica Vladimir, además, es una historia de contrastes. Por lo que sigue el mundo interior de su personaje (lleno de vida y vibrante de matices) y, a la vez, de su aburrida vida doméstica. Esta última, convertida en una colección de sinsabores, indiferencia y desilusión. Eso, debido a que su esposo, John (John Slattery), también profesor universitario, atraviesa su propio problema público. En un evidente guiño a la era #MeToo, la serie muestra cómo hace años, John mantuvo relaciones con varias estudiantes, algo que ahora vuelve a salir a la superficie en forma de escándalo institucional. Lo curioso es que, para su esposa, el asunto no representa exactamente una traición devastadora. Su matrimonio había funcionado durante mucho tiempo bajo un acuerdo tácito que permitía cierta libertad.  Un escándalo incómodo para ‘Vladimir’ Lo realmente duro surge cuando debe lidiar con el escándalo, el ostracismo y el rechazo de la universidad, los colegas y la opinión pública. En una perspectiva audaz acerca de su protagonista, Vladimir muestra que al personaje de Rachel Weisz poco le importan las consecuencias morales de lo ocurrido. Antes que eso, lo que realmente le enfurece es la traición a su acuerdo conjugal, antes que la lealtad matrimonial.  Ese ligero matiz hace que su reacción a lo ocurrido sea tan atípica como desconcertante para los que le rodean. Todos quieren escuchar una condena moral inmediata, que en realidad, el personaje no tiene energía ni intención de dar. De hecho, nuestra esforzada protagonista parece más cansada que indignada. Mientras el campus discute ética profesional, ella observa el caos con una mezcla de aburrimiento y resignación. La infidelidad como liberación El verdadero problema aparece cuando entra en escena un nuevo profesor del departamento: Vladimir (Leo Woodall). Joven, carismático y ligeramente misterioso, el recién llegado provoca en la protagonista una fascinación instantánea. Y por descontado, un profundo deseo sexual que ella toma la decisión de complacer a como dé lugar.  Pronto, la serie traslada toda su premisa a la idea de la tentación. ¿Cuándo caer o no en ella? Por lo que la dinámica recuerda a una polilla acercándose demasiado a una lámpara brillante. No hay garantías de que la atracción sea correspondida, pero eso no parece frenar demasiado la imaginación de la profesora. En especial, a medida que este furioso deseo se transforma en algo más violento, decidido y perverso.  La situación se complica aún más porque Vladimir no está soltero y, de hecho, considera a su matrimonio como un aspecto fundamental en su vida. Está casado con Cynthia (Jessica Henwick), una profesora adjunta permanentemente agotada por la vida académica y familiar. La pareja tiene una hija pequeña, lo que añade otra capa de incomodidad al creciente interés de la protagonista.  Ser o no ser infiel, el dilema de ‘Vladimir’ Pero al personaje de Weisz no le importa demasiado una relación marcada por la dificultad. Lo que realmente quiere es transgredir la norma, subvertir su vida aburrida y responder sus propias preguntas sobre el deseo. A partir de ese punto, la serie se mueve entre fantasía, deseo y paranoia. ¿Existe realmente una conexión entre ambos profesores? ¿O todo ocurre dentro de la mente de la protagonista? La narrativa juega deliberadamente con esa ambigüedad. Todo, usando la ruptura constante de la cuarta pared. La protagonista habla directamente con el público, como si la audiencia fuera una especie de confidente secreto atrapado en su cabeza. Este tipo de técnica puede resultar torpe si se utiliza mal, pero en el caso de Vladimir, es de hecho un punto central para comprender a su personaje. En especial, porque la posibilidad de que nada de lo que vemos sea real es cada vez más singular y evidente.  Quizás, el único pero en la serie, es que al final, Vladimir no alcanza la intensidad provocadora que promete y, de hecho, es más graciosa que sexy. Pero en realidad se trata que tampoco necesita hacerlo para resultar divertida. La interpretación de Weisz sostiene todo el espectáculo con un enorme carisma. Por lo que, para su último capítulo (y

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